ENTREVISTA CON JULIO SEVARES

“Si hay un descalabro en China, el problema puede ser de dimensiones gigantescas”

El economista y periodista, autor de “China, un socio imperial para Argentina y América Latina”, alerta de que aunque el gigante asiático sigue creciendo, el futuro es incierto: "¿es la solución o puede ser un problema?".

@jgonzalezok / En 2010 China se convirtió en la segunda economía del planeta y, poco después, en el primer exportador mundial. Entre 1978 y 2013 el PBI chino se multiplicó por 130, con un crecimiento medio cercano al 10%, superior a cualquier otra experiencia previa de crecimiento económico. China redujo la pobreza el 97%, en los años 70, hasta llegar al 36% de la actualidad. Tiene el 30% de las reservas del mundo, parte invertidas en títulos del Tesoro de Estados Unidos, del cual es el principal acreedor externo. La participación del PBI chino en el mundial pasó del 3% en 1980, cuando empezaban las reformas de Deng Xiaoping, al 10% en 2014. Desde que se incorporó a la OMC en 2001, el volumen de su comercio exterior se multiplicó por cinco.

Estos son algunos de los datos contenidos en el libro China, un socio imperial para Argentina y América Latina, publicado en Buenos Aires por la Editorial Edhasa. Su autor, Julio Sevares, es economista y periodista –fue editorialista del diario Clarín-, miembro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y autor de otros siete libros, además de este dedicado a China.

La entrevista tiene lugar después del lunes negro del pasado 24 de agosto, en un bar de una de las esquinas porteñas más características, Corrientes y Callao, poco después del lunes negro en la Bolsa de Shanghai.

Javier M. González | ¿Qué está pasando en China, es para preocuparse por los sucesos de estas últimas semanas?

Julio Sevares | Esa es la pregunta del millón, el que tenga la respuesta puede ganar mucha plata por las apuestas financieras sobre ese tema. La economía internacional ha entrado progresivamente en las últimas décadas en una situación de lo que llaman muchos autores la financiarización, que se caracteriza por su volatilidad, por su tendencia a la creación de burbujas, y a las explosiones de crisis de todo tipo en cualquier lado. Esto hace que la economía mundial sea intrínsecamente inestable e impredecible. De hecho, si a uno, en el año 2002 o 2004, alguien le decía, mire yo vengo del futuro y resulta que dentro de cinco años hay una crisis extendida de tales proporciones, todo el mundo le iba a decir que estaba loco. En el caso de China se da la característica de que el país ya entró, vamos a ver con qué alcance, a la economía financiarizada. Primero porque con las políticas de salida de la crisis estimularon un endeudamiento gigantesco de las empresas y de los particulares. La deuda en China llega a un 200% del PIB, algunos dicen aún más, lo cual duplica la existente en otras economías desarrolladas, si bien se trata de deuda interna.

Esto hace que durante mucho tiempo los observadores, inclusive el FMI y el Banco Mundial tuvieran temor sobre la sustentabilidad del sistema bancario chino…

Y esto, aún teniendo en cuenta algunos datos como por ejemplo que el sistema bancario chino tiene un nivel de capitalización, en relación a sus pasivos, que es mucho más elevado que en los bancos occidentales. El gobierno chino tiene una posición de intervención y de defensa del sistema. No es una cuestión de si el Estado va a intervenir o no, sabemos que va a intervenir. Y el Estado tiene los medios porque los bancos son mayoritariamente o estatales o bancos comerciales cuyas acciones son del Estado. Además tiene los recursos presupuestarios y de reservas para intervenir e inundar el mercado de yuanes, de dólares, de lo que sea. Pero aún así, pasan dos cosas. La economía financiarizada aún con todas estas intervenciones, puede dar sorpresas y las autoridades se pueden equivocar. Un ejemplo de eso sucedió hace poco, cuando a fin del año pasado comenzaron a dar créditos a los inversores chicos para que inviertan en la bolsa, con la idea de crear un mercado de crédito para las empresas, para que las empresas no tengan que ir al sobredimensionado mercado del crédito bancario. Con eso las autoridades crearon una burbuja que estalló y se produjo toda esta caída de la bolsa, que si bien todavía no llegó al nivel de hace cinco años, hizo que se licuara una cantidad de riqueza similar a lo que sería el PBI de Brasil.

sevaresSe puede decir que la economía china crecerá menos, pero está creciendo, y que las exportaciones caen pero siguen siendo importantes y tienen un importante superávit comercial…

Están saliendo análisis de preocupación por la salida de capitales de China, en turismo, en parte por las inversiones externas de las empresas chinas promovidas por la propia política de Going Global del gobierno chino. Pero también existen inversiones financieras o reales que están desplazándose de China por la caída del crecimiento y los temores que ha provocado la devaluación y esta caída en la bolsa de Shanghai.

Hasta hace 5 años, China era indudablemente la solución de la economía mundial. Era la que crecía, la que podía sostener el sistema bancario…

Ahora sigue creciendo, pero se ha planteado esta pregunta, ¿qué va a pasar? Es la solución o puede ser un problema… Porque obviamente, si hay un descalabro en China, ahora o dentro de un tiempo, el problema puede ser de dimensiones gigantescas. Los grandes países avanzados no tienen ya las herramientas para hacer un gran salvataje porque tienen una gran cantidad de emisión monetaria, un gran nivel de endeudamiento público y privado y estarían en una situación de crecimiento bajo, a pesar de todo lo que han gastado y todo lo que han hecho. Por lo menos en Europa, en EEUU es otra cosa. Pero si se produce una crisis ya no existe la posibilidad de incrementar el déficit o la deuda, o por lo menos no en la medida en que existía en el 2007-2008. Entonces, si se agrega un problema en estas condiciones, de menores instrumentos en Occidente, puede ser un problema grave. Ahora tenemos un interrogante y un nivel de incertidumbre que se agrega a la incertidumbre precedente de las grandes economías. Con la caída del petróleo, que por un lado beneficia a China como importador de petróleo, pero afecta a una serie de países como Rusia, que son importantes en la economía internacional. En definitiva hay una incertidumbre cada vez más generalizada sobre el futuro.

China ha sido una salvación, estos años, para los países productores de materias primas. Pero, ¿no se ha reproducido el viejo esquema colonial de intercambio de materias primas por productos industrializados?

Cuando uno mira las cuentas, obviamente la relación es así, desigual. Antes era el tema comercial. Después vinieron las inversiones, los préstamos chinos, que están destinados a las actividades extractivas y de transportes. Y las inversiones, lo mismo: petróleo, infraestructura para el transporte de materias primas. Esos son los tres pasos que refuerzan un tipo de relación comercial absolutamente asimétrica, dependiente. Para los países de América Latina, por una parte es una bendición, porque es una cantidad de ingresos, pero por otra parte, consolida la economía primaria y hay un desestímulo a la inversión. Para los países que tienen industrias, la avalancha de productos chinos les está creando problemas. Y en el comercio exterior, una desindustrialización, como sucede claramente en Brasil. Con respecto al siglo XIX, ahora las economías son más diversificadas. Entonces, estos ingresos pueden ser usados ahora para una diversificación de las economías, para solucionar o mejorar problemas de infraestructura que son históricos. El tema es qué hacen los gobiernos con esa situación. Si, por ejemplo, las inversiones negocian transferencias de tecnología o no. Negocian que haya proveedores locales o no. Por ejemplo, el gobierno argentino, en el caso de ferrocarriles, entregó toda la cosa a los chinos. Yo, personalmente, no sé si existe acá capacidad, pero hubo y todavía hay grandes talleres ferroviarios, que no sé en qué estado están. Me contaron hace un tiempo de un taller muy importante en Santiago del Estero en el que directamente se iban robando las cosas, en un desmantelamiento hormiga. Por eso yo no sé, si los chinos dicen, provéannos ustedes, qué hay…

Teniendo en cuenta la evolución demográfica en China, ¿se pude pensar que la compra de productos alimenticios, principales ventas de Argentina y Brasil, va a seguir siendo sostenible?

Todos los análisis dicen que sí. Porque primero, más allá de los aumentos de la población, existe la urbanización y la mejora en los ingresos, que hace que empiecen a demandar productos más sofisticados. Están comprando inclusos caballos de polo. Los que más van a sufrir la caída de la demanda china posiblemente sean los vendedores de minerales, acero, cuestiones vinculadas con la construcción. Mientras que los productores de alimentos, inclusive con cierta elaboración, más finos, van a seguir teniendo mercado. También pasa lo siguiente, para algunos mercados como Argentina, Chile, inclusive Brasil, el tamaño del mercado chino es tan gigantesco que aunque se reduzcan unos puntos el crecimiento en la demanda, sigue habiendo enormes posibilidades. Si a los chinos se les ocurre comer dulce de leche, que parece que no les gusta, bueno, acá no dan abasto las fábricas de dulce de leche para abastecer a una municipalidad de China.

¿Qué supone que Argentina y China describan sus relaciones como la de socios estratégicos, como lo destaca el gobierno argentino?

No hay nada escrito que diga que eso supone algo. Jorge Malena, un sinólogo argentino, pudo hacerse con un papel medio reservado, que no circula, donde están las 14 categorías que China otorga en sus relaciones. La Argentina es la número 11 o 12, la máxima la tiene con Rusia. Los expertos dicen que la diplomacia China tiene una estratificación que tiene un significado, indica el grado de compromiso internacional compartido, el grado de amistad, el grado de confiabilidad, y que eso necesariamente tiene efectos. Ellos tienen sus relaciones internacionales y económicas muy basadas en la confianza, en este tipo de lazos que no son solo precio, cantidad y contratos de mercado. Ahora, personalmente, puede que eso abra canales de negociación, de diálogo, de escuchas, para solicitudes argentinas. Pero, desde afuera, yo creo que si para los chinos no es negocio, por más que seas un socio estratégico, integral, no va.

No hay un componente político o ideológico en las relaciones que China entabla con sus socios…

No, para nada. Somos socios estratégicos porque tenemos estos intereses compartidos. Los chinos apoyan a Argentina en el reclamo de Malvinas. Nosotros la no intervención en asuntos internos. Y tenemos el interés compartido de que nosotros le vendemos soja y ellos nos venden maquinaria. Un viceministro chino dijo en una reunión en una visita a Buenos Aires que las características de las relaciones económicas entre los países dependen de las estructuras productivas de cada uno. Si ustedes venden soja en lugar de vender maquinaria, es porque ustedes no tienen maquinaria, señaló, de forma bastante tajante.

En algunos acuerdos entre China y Argentina, se prevé la contratación de trabajadores chinos. ¿Es posible, más allá de niveles de gerencia?

En los acuerdos figura esa posibilidad, pero yo creo que eso no podría suceder acá, en Argentina los sindicatos son muy activos y hay trabajadores especializados. Y una de las quejas que tienen los inversores chinos es precisamente, la reacción de los sindicatos. Ahora, técnicos e ingenieros, pueden venir, ellos hacen su negocio.